martes, 7 de diciembre de 2010

Quisiera roca ser

... A veces el hombre se pone delante de Dios. Es una prueba especial. Pasa desapercibido, a veces, pero otras, no puede evitar sentirse invadido, de magia, de realidad, del aire de la divinidad respirándote.
Es lo que pasa en el Monasterio de Piedra. Si eres capaz de estar allí y no sentirte tocado por Dios, no crees en Dios, o es Él el que no cree en ti. Y si no crees en DIOS, no me creo que no necesites respirar hondo, cerrar los ojos, perderte, zambullirte en la belleza de esas rocas, de ese silencio, de esas aguas...
Yo estaba embebido de los verdores de los musgos, de las gotículas de agua cayendo sobre mi piel, de las sombras y los colores de las rocas, de la pureza del aire que respiraba...
Tomé la mano que quise asir toda mi vida y le pedí a Dios que me convirtiese en roca, para quedarme allí eternamente con ese estado de plenitud.
Como no me lo concedió, verbalizo esa sensación para que quede eterna en algún lado...

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